miércoles, 30 de enero de 2013

Entrevista a Begoña García Pastor


Presenta usted un libro para introducir a la gente en la antropología y, seguramente, habrá quien, al pensar en esta disciplina académica, se plantee la necesidad de comprensión de los actos que definen al ser humano. Nos podría decir si van por ahí los tiros y, en pocas palabras, qué es eso de la antropología.

Creo que, huyendo de definiciones que siempre se quedan cortas, podría resumirse como un intento de comprensión de las formas culturales que adquieren las acciones de los seres humanos en sociedad. En otras palabras, considero que la antropología es un intento de entender las acciones sociales que las personas protagonizan al relacionarse.  

Hay muchos comportamientos que nos escandalizan, que nos parecen extraños y terribles, pero ¿son nuevos o provienen de enseñanzas adquiridas a lo largo de los siglos?

Hay comportamientos que nos escandalizan precisamente porque nos resultan extraños, porque, independientemente de que sean nuevos o no, no los comprendemos y, a partir de ahí, juzgamos a las personas que los practican antes de entender sus lógicas. La antropología enseña a comprender que muchos comportamientos sociales  responden a tradiciones culturales que se heredan del pasado sí, pero que eso no significa que sean invariables, que no cambien. La mayoría de comportamientos sociales responden a la mezcla cultural que las personas hacemos para articular lo que percibimos como la propia tradición con las exigencias y los parámetros socioculturales que nos impone la vida moderna. El hecho más generalizable es que los comportamientos sociales no responden a modelos culturales fijos e inalterables, y que la participación de las personas en los procesos de cambio que atraviesan todas las sociedades logra poner en cuestión las estructuras culturales tradicionales y también deja constancia de la influencia decisiva que ejerce sobre estas estructuras el medio social y económico.


La antropología es el estudio del comportamiento del ser humano en la sociedad y la sociología también ¿no? Entonces, el concepto de sociología ¿no choca con el de antropología?

Antropología y sociología no son conceptos que choquen ni disciplinas contrapuestas. En este libro se exponen algunas de las dificultades que plantea precisamente la delimitación entre lo social y lo cultural, cuestionando las fronteras académicas entre antropología y sociología.
La comprensión de la cultura requiere enfocar la mirada hacia las relaciones sociales, y viceversa. Las relaciones sociales configuran así lo que podríamos llamar el lugar natural de la cultura. De ahí, la imposibilidad de separar substancialmente los significados de cultura y sociedad. Cuando se ve la cultura como algo diferente y separado de la sociedad, se suele caer en el error de creer que la cultura tiene vida propia o, lo que es lo mismo, cosificarla y pensar que puede actuar por su cuenta al margen de las personas.

¿Es la antropología útil para ser aplicada en la docencia? ¿Se pueden extraer métodos y enseñanzas que sirvan para prever y solucionar problemas de comportamiento en las aulas?

El estudio antropológico permite una comprensión profunda y coherente de las
realidades socioculturales que construyen los seres humanos, no como estructuras herméticas y estáticas, sino como entramados flexibles de significados que dan sentido a las prácticas sociales, que a su vez como experiencias personales que los ponen en cuestión, los someten a continuos procesos de construcción, reconstrucción, abandono y/o cambio. Entender y explicar cómo las formas culturales de comportamiento humano que se expresan a través de las acciones e interacciones sociales son creadas y recreadas, mantenidas, mezcladas, transformadas, abandonadas… por las personas, orientándolas al mismo tiempo en sus modos de vivir, de ser y de pensar, es la finalidad última de las y los antropólogos. Principalmente, el proceso de conocimiento etnográfico que llevan a cabo en sus investigaciones les ensena a des-objetivar la cultura, es decir, a verla más palpablemente no como una cosa, sino a través de la acción e interacción social y a entenderla como un fenómeno que también es subjetivo y, por tanto, tan complejo y variable como puede ser el ser humano.
Y, en cuanto a la pregunta sobre la utilidad de la antropología para la docencia, mi respuesta es rotundamente afirmativa. Una de mis mayores preocupaciones en este sentido es la necesidad de introducir la perspectiva etnográfica en el conjunto de contenidos que constituyen la formación docente. A mi entender, como ya he escrito en otros lugares, comprender el proceso de conocimiento característico de la antropología comprensiva puede ser tremendamente útil para construir y acordar de manera intersubjetiva e interdisciplinaria las bases teórico-practicas que deben orientar el trabajo docente. Y no sólo por las reflexiones que aporta para aclarar el concepto de cultura, o por su interés en descubrir como las diferentes construcciones culturales de la realidad afectan a la acción social, sino también, y especialmente, porque es una forma de conocimiento gestada a través de un proceso de entendimiento intercultural que, en su propio desarrollo dialógico, permite detectar y elaborar las competencias para la mediación entre las personas y los diferentes grupos socioculturales que instituyen hoy la educación fuera y dentro de la escuela.